lunes, 18 de noviembre de 2013

El mundo de hoy: ¡ACTÚA!

La vida es una sucesión de hechos concatenados de los que perdimos el hilo hace mucho tiempo. Y es que no nos acordamos cómo se estropeó aquella relación que tanto queríamos, cómo perdimos aquello que más amamos...Dicen que al final sólo permanece lo bueno, pero en mi caso, sólo se recuerda lo malo.

Así pues, nos limitamos a vivir, con el dolor de lo vivido, pero sin el recuerdo de ello, limitándonos a arañar conjeturas y aproximarnos a la verdad, verdad cada vez más dividida y fasciculada, verdad cada vez más múltiple y subjetiva.

Lo que todos sabemos y estamos seguros es que vivimos en un mundo monstruoso, destruido y difuminado por causa del hombre. Un hombre que cada vez más falto de referencias, cada vez más nietzscheano, no hace más que destruir aquello que ama y crear sistemas deshumanizados.

Y es que la falta de referencias es un claro problema en la vida de hoy: nos bombardean constantemente con información, desde TV (telediarios, telebasura...), hasta Internet (Facebook, Tuenti, Whatsapp), pasando por la cantidad de información que en la escuela tratan de meternos en la cabeza.

Y es que en la vida de hoy, se prefiere hablar por Whatsapp que charlar en un café, se prefiere mandar un "Tweet" a una carta de amor...en fin, un desastre del género humano, no sólo por la costumbres perdidas, sino me atrevería a decir por la pérdida de nuestra humanidad, nuestra excesiva informatización. 

Mundo por tanto postcontemporáneo, mundo cruel, mundo diverso, mundo loco, mundo salvaje, mundo múltiple, subjetivo, robótico, informático, globalizado...no faltan políticos ladrones ni crisis económicas que terminen de echar por tierra la vida de muchos ciudadanos anónimos: suicidios, desahucios, indigencia...

Niños pasando hambre mientras tres vejestorios gordos con bigote se pasean aburridos por su Versalles particular, y es que estamos volviendo a la Francia del XVII, a la Rusia de principios del XX.

Estoy seguro que esta situación irá a peor, en la medida que lo sigamos permitiendo.

¿Fea la verdad, eh? Pues tienes dos opciones: mirar cara a cara al monstruo de la verdad y hacerle frente, con afán periodístico, ciudadano y humanitario, o seguir con la cabeza agachada, como cabras, marionetas de un sistema oligárquico que arrasa con todo y acaba con todos, mandando tweets y whatsapps a quien sea, donde sea y sobre lo que sea: pasando el tiempo.

Esta es la Guerra Fría que nos toca vivir hoy: nosotros contra el mundo tan raro en el que nos ha tocado vivir. Porque en Grecia y Roma creían en Zeus y Júpiter, y en la Edad Media agachaban la cabezas mientras curas sermoneaban en grandes catedrales, pero nosotros, a nosotros no nos queda nada, sino nosotros mismos, y ni siquiera en nosotros mismos podemos creer por culpa de la falta de oportunidades que ha generado nuestro sistema. La fe de hoy es en su mayoría fe en el hombre, en el progreso, la ciencia y el espíritu humanitario desinteresado: si destruimos también esto, ¿en qué creeremos? ¿qué sentido tendrá todo?

Por eso no nos dejemos educar en lo común, no dejemos que adormezcan la voz de la conciencia popular, aquella voz que decapitó reyes y arrancó cetros y potestades para darle pan al pueblo. 

Y es que lo correcto no es lo fácil, así que hagamos frente a la excesiva comodidad moral y la relajada conciencia de acción de esta sociedad dispersa, atontada por cajas tontas, y abombada de pitos y flautas, copas y humo...

Levantemos el oro para descubrir la mierda, y a lo mejor conseguiremos arreglar, en todo caso mejorar el torpe estropicio humano en el que hemos convertido la vida.

Yo no sé, allá cada cual, pero yo me rebelo, me rebelo en mi conciencia, y mi fuero interno no se deja doblegar ante opiniones, informaciones manipuladas, y sistemas despóticos que intentan hacer de nosotros cabras sumisas. Yo mantengo viva la voz de la verdad, al menos de mi verdad, yo trato de que la luz se abra paso entre la densas ramas de la mentira, y en mi conciencia libre y mi fantasiosa imaginación siempre hay soluciones, siempre hay algo que mejorar, que arreglar, un sitio al que ir: la esperanza siempre está viva.

Así que, al menos yo, denuncio y digo causas, sin ser de izquierda ni derecha, señalo aquello que debemos eliminar, y seguiré denunciando como un espíritu cuya mirada se esconde en las sombras, observando lo que es bueno y lo que es malo, y denunciando cada cosa por su nombre...por el bien de todos.